Bonneville no sólo es el lago salado o las pruebas de velocidad, sino también un gran circo donde acuden aquellos que quieren probar sus máquinas y seguramente ponerse a prueba a si mismos. Todos tenemos en mente a hot rods o dragsters de todo tipo, pero ¿podíamos pensar en una furgoneta? Pues ahí la teníamos, una Volkswagen T1, en el parking del motel en Wendover, Utah, a pocos kilómetros de la salina. Buscamos al dueño pero no lo encontramos, esperamos un poco, pero nuestros afitriones nos metían prisa por volver a Bonnie. Una pena, pero no nos pudimos resistir de hacerle una fotos a través de las ventanillas como críos ante el escaparate de una tienda de gominolas, para enseñaros lo que se puede hacer con un vehículo que circula habitualmente por nuestras carreteras patrias, sobre todo en su versión T2.
Este es el llamado “11 ventanas”, cinco a cada lateral y la trasera, pero como veis han bajado el techo en un top chop de 3 pulgadas. Han modificado la carrocería un poco con el propósito único de acomodar el tremendo motor del interior y homologar el conjunto para poder correr bajo las severas normas de la SCTA. Louvers por todos lados para la refrigeración del interior y por supuesto el paracaídas trasero. ¿Para qué? Os preguntaréis, pues no para ser lanzada desde un avión, sino para que pueda parar una vez lanzada siguiendo la línea negra. Y le va a hacer falta…
Siguiendo la tradición y como buen volkswagen, lleva el motor trasero… un poco cambiado la verdad. Parece que el boxer de cuatro cilindros les quedaba un poco corto y decidieron ponerle un Chevrolet V8 small block. Las preguntas nos mortifican ante la falta de información del dueño, ¿llevará un árbol de levas Schneider, como reza la pegatina del cristal? Hot!! Tapas de balancines “finned” o como le llamamos por aquí “con aletas” visten el motor, pero lo que destaca es el enorme “blower” Weiand alimentado por dos carburadores de cuatro cuerpos Edelbrock, un conjunto que hace que el valiente que se ponga a los mandos de este “cohete” los tenga bien puestos. El interior completamente adaptado para las carreras ayuda un poco, con una caja de transmisión B&M, relojes ProTach y todos los arneses y cinturones del mundo en asientos de competición, todo protegido por una jaula de acero. De todas formas, aún hay lugar para el buen gusto, combinando el gris perlado del todo el conjunto con el vinilo rojo del tapizado. Hot rodder pero con glamour. Bajado de suspensiones para una mejor coeficiente aerodinámico, casi se esconden las llantas, otro detalle que da fe del buen gusto de su desconocido dueño. Delante las famosas ruedas de “12 palos” de magnesio de la marca Halibrand, imprescindibles en todos los dragsters que se preciaran en la década de los sesenta. Y detrás unas preciosas llantas Amarican Racing de su famoso modelo Torq Thrust.
Otro clásico de los muscle cars de los sesenta. Allí se quedo aquella Volkswagen gris, seguramente correría otro día y su piloto estaría tomando un merecido descanso. |
This is the so-called 11-window: 5 on each side and one at the rear. But on this one you can see that the roof has been “top chopped” 3 inches. The body has been modified with the sole purpose of fitting the huge engine inside and adjusting the set-up to be able to compete under the strict SCTA standards. Louvers everywhere cool the interior, and of course, a chute at the back. “What for?” you may ask yourself. Well, obviously not for jumping out of a plane, but to stop it once it’s been launched on the black line. And it’s gonna need it… In line with tradition, and like every good Volkswagen, the engine is in the back… but a little changed, sure. It seems the 4-cylinder boxer just wasn’t enough, and instead it’s fitted with a Chevrolet V8 small block. Our questions were killing us, as we could not find the owner to ask. Does it come with a Schneider crankshaft, as indicated on the window sticker? Hot!! A “finned” rocker cover, as we call it around here, dresses the engine but what catches our eyes is the huge Weiand blower fed by two 4-barrel Edelbrock carburetors, a setup that will need real balls from anyone brave enough to take control of this rocket. The inside, which has been totally adapted to racing, helps a little by housing a B&M transmission, ProTach dials and safety harness and race seat belts, all protected by a steel cage. But there is also room for good taste, combining the pearl grey interior with the vinyl red upholstery. A Hot rodder with glamour. Lowered suspension for improved aerodynamics, with wheels that almost hide underneath, just another detail that confirms the owner’s good taste. In front, the famous 12-blade Halibrand magnesium wheels, a must-have by any dragsters with a soft spot for the 1960s. And in the back a set of Torq Thrust American Racing wheels. Another classic of the 1960s muscle cars. There we left that grey Volkswagen van. It will definitely race on another day, and meanwhile its driver was probably out taking a well-deserved rest. |