| Halloween 2009 Motarres i Orgullossos |
| Escrito por F. Nasarre | ||
![]() El punto de encuentro era el Hotel Hawai de Lloret de Mar, ciudad costera de la provincia de Girona. A modo de “culturilla”, comentaros que Lloret de Mar (ciudad que personalmente considero de una gran belleza y encanto), a pesar de ser conocida como una importante urbe del ocio Festival de la Costa Brava, principalmente desarrollado durante las décadas de los 50 y los 60, dispone también de un importante patrimonio histórico con más de mil años de historia en sus calles. Sobre las tres de la tarde del sábado me dispuse a salir desde Barcelona. Por el camino me sorprendió una tormenta, pero a pesar de esto, la calle que daba acceso al hotel y destinada a parking para las motos de los asistentes era un auténtico desfile de motos. Me dirigí en busca de Martín, presidente de Motarres i Orgullosos MG. Hechas las presentaciones me confirmó los datos del evento: 538 inscritos y un hotel de tres estrellas para uso exclusivo. En el hall del hotel, los chicos y chicas de Motarres, vestidos acordes a la ocasión, se encargaban de las reservas y hacer entrega de las típicas pulseras y de las llaves de las habitaciones. El bar y la sala de actos del hotel habían sido convenientemente decoradas a modo de caverna infernal: iluminación roja, telarañas, esqueletos por las columnas... vamos, un escenario digno de Halloween, y en un pequeño escenario un karaoke para ir haciendo tiempo a la hora de cenar. Ufff, la cena... esto sí que merece especial mención. Aquí vuelvo al principio del artículo, al rollo nostálgico, cuando estás habituado a dirigirte al chiringuito de los bocatas y/o carnes a la brasa, donde te tienes que abrir paso a empujones con un vaso de plástico de medio litro y un plato de ídem con un cacho carne o un bocata y que normalmente acabas tirándole la mitad de la birra a una rubia en el escote y se te pone cara de pardillo al descubrir el armario ropero que la acompaña, y encima lo arreglas con una frase del tipo: “Uy, perdona... De todas maneras dicen que eso es alegría, ¿no?” Pues aquí no. Imaginaros un comedor decorado de... ¡comedor! Con sus mesas independientes, cubiertos de metal, platos de cerámica y manteles blancos. Con su maitre a la entrada que te pregunta “¿Mesa para cuantos, por favor?” y un equipo de camareras atendiendo al personal... el comedor de un hotel de tres estrellas, vamos, con un buffete digno de Vacaciones en el Mar (cabe destacar la currada del equipo de cocina en las decoraciones realizadas con verduras y hortalizas) y un show-coocking en el que podías escoger muchos tipos de carne a la plancha o sepias, todo ello preparado ![]() al momento y acompañado de unas patatas “al caliu” y tintorro de la región. Ciertamente, un auténtico ágape digno de los sueños de Carpanta. Después de cenar se empezó a preparar el concurso de disfraces propio de la celebración de Halloween. Realmente, la alta participación de los asistentes me fascinó. Siempre es un auténtico handicap para un evento de estas características el contar con la participación de los asistentes, pues al fin y al cabo es hacia quien van destinados los esfuerzos de los organizadores y es de recibo para ellos ver que el resultado es el que se espera obtener: la diversión de los que asisten. Mientras comentábamos este hecho con Martín en los previos al concurso de disfraces, me llamó la atención un comentario suyo en respuesta a otro mío: “Pues espera que aún faltan los profesionales”. ¿Profesionales? ¿En un concurso de disfraces? ¿...? Pues sí, ¡profesionales! Esta era la quinta edición del Halloween que celebra y organiza Motarres y Orgullossos MG, y ya cuenta con diferentes grupos que cada año realiza una comparsa y la competición entre ellos para ganar. El concurso se celebró en las categorías infantil, individual y comparsa. Tras entregar los premios infantiles se dio paso a los espectáculos de stripteases, que como empieza a ser habitual constó de uno para ellos y otro para ellas. Finalizados, estos, se dio paso a la entrega de premios de los disfraces de las categorías seniors. Tras esto, y para acabar la noche, nos dirigimos a la discoteca del hotel para hacer lo que se debe hacer: beber más, bailar pachanga y pasárselo en grande hasta las seis de la mañana y pico largo. Llegado este momento, se agradece una barbaridad el tener una cama confortable sobre la que caer, muy lejos del aislante y el saco de dormir. Como habréis visto, una manera un tanto atípica de celebrar un evento biker en cuanto a localización, pero que al fin y al cabo acaba siendo lo que siempre decimos: el lugar es lo de menos, lo importante es tener esa excusa para ir a un lugar en el que pasar un rato agradable, echar una risas, conocer a gente y compartir una pasión. V’s para todos, y un abrazo para Motarres i Orgullossos MG. Suerte y hasta la próxima. ![]() |











