
El “My way” que se puede ver a modo de grafismo sobre el espectacular depósito de este tremendo chopper no es únicamente el nombre de la moto. Va mas allá, es una filosofía de vida que Fran, su propietario, ha adoptado hace ya algún tiempo. El “vive y deja vivir” y el “no me juzgues por lo que tengo sino porque lo que soy” condensan este concepto que, sin duda, se disfruta mejor a lomos de un chopper como éste… ¡A su manera!
My Way es una moto diseñada y fabricada, desde cero, bajo el criterio de su propietario y, lógicamente, del asesoramiento del equipo que se encargó del proyecto, Chopper Factory. Recuperando el motor Ultima de 113” de otra impresionante estructura, se adquirió un chasis que, además de situar el conjunto a escasos centímetros del suelo, diera una longitud más que aceptable, unos grados “chopper” al tren delantero y fuera mono-viga en su parte delantera. Una combinación que se encontró y se modificó para ajustarlo a la manera del cliente. Los 1.851 centímetros cúbicos de la bestia encontrarían su lugar perfecto…

El basculante Ultima/Chopper Factory, de diseño bastante radical, acoge un potente balón que domina la potencia y que viste una llanta de aleación, de brazos y moderna, que combina con la corona de la correa y el disco de freno. La pinza de cuatro pistones se basta de ella sola para detener todo este conjunto trasero. La horquilla, y sus embellecedores que la hacen compacta y maciza, posee uno de los elementos más reconocibles, el faro… ¡El sello del maestro Ness queda impreso en cada producto que diseña! Los semi-manillares son otro de los puntos que definen el concepto de moto: de carácter deportivo manteniendo el espíritu chopper radical, lo que se denomina street-drag chopperizado. La carrocería en su integridad ha sido obra de Chopper Factory, un trabajo que Fran valora mucho.

Tanto los guardabarros como el depósito son el resultado de horas y horas de martillazos a chapas, de soldaduras precisas, de fallos, de logros, hasta conseguir la forma coherente, estética y funcional que se merece “My Way”. Frank aprecia más el esfuerzo personal del artesano que fabrica la pieza con sus propias manos al esfuerzo que supone sacar la tarjeta de crédito… ¡A su manera…!




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