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Rolling Bones
Escrito por Vicente Navarro - Álvaro Cabezas   
rollingbones La primera vez que vi los dos coupes fue
en el anual de la revista Hop Up. Era un
fantástico reportaje fotográfico de Peter
Vincent con una serie de deuces, Ford
coupes de 1932 en el Mirage.

La primera vez que vi los dos coupes fue en el anual de la revista Hop Up. Era un fantástico reportaje fotográfico de Peter Vincent con una serie de deuces, Ford coupes de 1932 en el Mirage. Entre todos los hot rods destacaban un par, prácticamente idénticos, con una estampa diferente, casi diabólica. Al leer sus características creí que había habido una errata. Ponía que eran de New York. No podía ser. ¿Qué hacían allí en California, a más de 2.700 millas de su casa, dos deuces de la Costa Este? Fue mi primer conocimiento de Ken Schmidt y Keith Cornell y sus famosos coupes del 32.

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Estos dos hot rods tienen vidas paralelas. Fueron construidos al mismo tiempo, por la mismas personas, Ken y Keith, y con los mismos fines, servir para la calle y las carreras, comos sus admirados hot rods de la era dorada de los años 40 y 50. Comparten la mayoría de sus características, pero al mismo tiempo son únicos, por lo que distinguirlos es como jugar a las “siete diferencias”. Primero veamos
en que son iguales. Ambos tienen una carrocería original de Ford coupe de 1932 tres ventanas. Son los que en el lateral solo tienen como ventanilla el marco de la puerta y no dos, sumando otra más pequeña, esos son los cinco ventanas. Los “tres ventanas” son más deseados porque son más esbeltos y raros. Tienen la puerta estilo “suicide”, apertura por delante, y le han quitado la bisagra central. Siguiendo por la carrocería, el portón del maletero esta recubierto por louvers, esas hendiduras en la chapa para “aireación” y dentro el depósito de gasolina. Los pilotos traseros son en ambos casos de Ford del 37. También es igual el eje trasero con un “quick change” Halibrand, movido una pulgada hacia atrás en un chasis con Z en el cuatro trasero y suspensión con ballesta de Ford T.

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Otro detalle es la dirección Schoeder, típica de los sprint cars. Fijaros en la biela que sale de mitad de la carrocería con una barra que lo une a la rueda izquierda. En eso notamos este tipo de dirección, especial de carreras por su corto y rápido recorrido. Pero lo que hace a este par de demonios tan diferentes es el tratamiento que Ken y Keith han hecho del frontal, casi una marca de la casa, Rolling Bones. El eje delantero es de stock aunque agujereado (drilled), pero a pesar de que no está caído, el morro es muy bajo. ¿Por qué? Por un truco muy antiguo. Han recortado los cuernos delanteros del chasis a la altura del primer puente y han adelantado en eje una pulgada para situarlo no debajo del puente sino delante. El estabilizador original en forma de V lo ha separado (split) para formar dos, que unen a ambos lados del chasis y a su vez unidos al eje. Y aquí viene la gracia, la ballesta delantera transversal no está sujeta al eje directamente, como es usual, sino a estos estabilizadores laterales, haciendo que el puente delantero está a la misma altura casi del eje y bajando por consiguiente la altura del morro. Un auténtico rollo el que os he pegado, mejor mirad las fotos, a ver si notáis todo este truco old skool. Poner los faros tipo Guide muy bajos también ayuda a esta intención, y todo el invento tapado por la parrilla original del 32. ¡Perfecto! Las ruedas y los neumáticos también son idénticos, llantas Ford de 16 pulgadas con Firestones negros, 450 delante y 750 detrás, “Big & Little”. Los dos interiores tienen la misma “decoración” dentro de la mínima expresión. Volante de Ford del 40, manta para cubrir el asiento y tres relojes Stewart-Warner como instrumentos de navegación.

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En el salpicadero destacan las “tags”, placas conseguidas en las carreras de los lagos secos, Ken lleva una de la SCTA y Keith de Russetta, dos de la asociaciones que organizaban estos eventos en los años 40. Si no fuera por el color diríamos que son gemelos, pero ¿lo son realmente?

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La gran diferencia es su motorización. Keith Cornell, experto en flatheads, quiso otro motor para su hot rod negro. Sin salirse de la marca, colocó un V8 Ford Y-block de 1957 con árbol de levas Iskenderian y un tri power con tres carburadores Stromberg 97. Un clásico. Como hemos dicho el top chop no es igual que el de su amigo. Es una pulgada más bajo por delante, exactamente le recortaron 5 1/2 pulgadas tumbando el parabrisas y 5 pulgadas detrás, lo que le da al techo ese “rake” tan especial, más propio del los coupes del 34 que de los 32. Keith ha desechado la amortiguación delantero confiando únicamente es la ballesta y le ha añadido una “push Bar” en forma de T grande en la parte trasera, como era obligado en los hot rods que corrían en Bonneville y necesitaban ser empujados con otro vehículo hasta que cogían velocidad por si mismos. Y no es que este coupe lo necesite realmente, pero es un pequeño homenaje a los corredores en el famoso lago salado, que en su afán de quitarle peso al bólido, se deshacían de todo lo prescindible para la carrera como por ejemplo el motor de arranque. Bonneville es su obsesión pero también su inspiración.

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El 575 B, según la numeración conseguida en Bonneville, lleva un Ford V8 flathead 8BA de 1949. Por supuesto modificado, con un árbol de levas Isky 400 jr. que le da una respuesta rapidísima en carrera y no necesita un ralentí excesivo para callejear y un cigüeñal de Mercury para un mayor stroke. La mezcla pasa por dos carburadores Holley 94 y los gases directamente fuera por escapes directos. La otra prueba de su propia personalidad es el evidente top chop. No amigos, no son iguales. El deuce de Ken ha sido bajado 5 pulgadas detrás y 4 1/2 delante con el parabrisas echado. Otras pequeñas diferencias son los amortiguadores delanteros Houdaille. Y por supuesto está pintado en rojo óxido, dejando el chasis y la parrilla en negro. Ya sea en la calle, en la carretera o en el lago salado, los dos deuces de Ken Schmidt y Keith Cornell son ya legendarios. Con 75.000 millas recorridas dan muestra que los hot rods no son sólo para una postal sino para conducirlos Son la respuesta a la pregunta que muchos se hacen, ¿es posible recuperar el espíritu de los pioneros? Ken y Keith lo demuestran cada año corriendo en Bonneville. Por que sino, ¿para qué sirve un hot rod?

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